jueves, 28 de agosto de 2008

Se me ensuciaron los espejos.



Te escucho lamentándote a lo lejos
Rabiando palabras atragantadas
Agotaste tus quejumbres silenciosas
A mi se me ensuciaron los espejos.

Me tiene agotado tu veneno
Mi aire está denso de otras cosas
Pero mis puertas, animal herido
Neciamente abiertas se encuentran.

Cuando limpies tus rincones de basura
y las astillas en tus manos ya no sangren
tal vez cuando el horizonte este sin humo
Encontrarás en mi espejo tu aliado.

Pablo Pérez Sibaja
Agosto 2008

viernes, 22 de agosto de 2008

Catarsis protocolaria, innecesaria, y un poco acida.


No limpiaré los tiestos que dejaste al galopar lejos de mí con tu reptilezca cola multicolor.
Buscaré un lugar mejor para dormir, fuera de tu elástica piel que ayer me abrigara recelosa.
Ya no me interesan las migajas, ni mis manos quieren soportar penosas esperas.
Se ahorcó mi fría paciencia dejando manchada mi cama de caricias boceteadas a medio terminar.
Ya mis dientes no quieren saborear medios tonos de cuerdas inseguras, balbuceantes.
Ya mis palabras se agotaron en bocanadas insensatas, y amaneceres sin sentido.
Los insulsos pajarillos matutinos ya no se burlaran de mi insomnio, condimentado con microondas cercanas.
Ya no me importan las excusas, porque no hay distancias reales.
Se desintegró la condescendencia por las decisiones no tomadas, y se pudrieron los aplazamientos.
No se escribirá con mis costillas otra noticia amarillista, otro borbotón de mentiras.
Mi piel ansiosa explotó de inanición, y el lobo saliva su apetito animal nuevamente.
Mis escamas se convirtieron en alas, mis espinas se volvieron a afilar.
Mi coraza tiene una nueva capa, y la amargura aulló por vez final.

Pablo Pérez Sibaja
Agosto 2008

lunes, 18 de agosto de 2008

¿que pretende?


No se qué pretendo.
Simplemente estoy narcotizado con el resplandor de su cara, deslumbrado por las huellas cobrizas de su ensortijada oleada de olores, envidiada por la brisa y el rocío.
No estoy seguro de cual es mi juego, pero me adormila la tibia blancura del manto lechoso que cubre cada parte jugosa de su cuerpo tierno y liviano.
Me estremece el felino movimiento de sus labios resecos de besos sinceros, y mis poros se extienden hacia usted, queriendo comenzar una colección de surcos de uñas en una espalda solitaria.
No tengo un plan, no tengo una pretensión, solo hago cosas como un payaso sicótico, muerto en batalla riéndose estúpidamente de la vida, carcajeándose nerviosamente al estar embrujado por cantos de sirena, rendida en el mar de incertidumbres espinosas, que se ciernen sobre el horizonte junto al sol naciente.
No pretendo nada, solo quisiera compartir algunos pensamientos de insomnio, junto a su respiración desbocada, tratando de deshacer molestos dolores, con mis dedos aceitosos, y mi nariz exploradora.
No se cual es mi juego, solo soy un aprendiz de mago, un lobezno majadero aullando en la oscuridad, para dejar muy clara su naturaleza depredadora.
No pretendo más, que construir un instante, y guardarlo muy adentro, lamiendo lo que queda de su estela en esta niebla espesa, tatuando en mi recuerdo, el verdor acuoso, algo siniestro, penetrante e hipnótico de sus ojos.

Pablo Pérez Sibaja
Agosto 2008

jueves, 14 de agosto de 2008

Que vivan las mujeres!!!!

lunes, 11 de agosto de 2008

Boceto de la construcción de un túnel para expresar amor romántico.





Sigo pensando que enamorarse es mala cosa.
Nosotros los humanos no sabemos expresar el amor romántico.
Ese enamoramiento, plagado de explosiones límbicas, de colores vivos, es como un tubo de conexiones neuronales, obsoleto, una majadería descontinuada, construida a partir de pedacitos de sentimientillos delicados, temblorosos, sucios, de materia blanda, de sables laxos.
Estamos dentro de una cúpula interna, y con un telescopio almático* apuntamos al exterior y vemos brillante el arquetipo ese.
Lo queremos reproducir, y a mazazo limpio, y con pegamento de mocos, rejuntamos pedazos de cosillas que sentimos: necesidad de ser necesitado, posesión, un pedacillo de sexo, un fragmentito de celos, un tiestillo de felicidad, un medio concepto de futuro, un bocetillo de familia, y una sarta de etcéteras. Tapamos los huecos con una mezcla bioquímica apestosa a endorfinas, que se produce por la misma argamaza, previamente echada en una mezcladora, que ostenta la marca “culturización inside” y es anunciada en alguna página web, en la televisión, en los librejos de Paulo Cohelo, o en las canciones cursis.
Hacemos el tunelejo ese y por ahí danzamos alegres diciendo: Estoy enamorado, y expreso el amor…
Lo raro de esos túneles, y a su vez, lo más macabro, es que por ahí mismo puede pasar el odio más sincero, más loco.
¿Somos raros verdad?



Pablo Pérez Sibaja
10 de Agosto del 2008

domingo, 22 de junio de 2008

LAS CHANCLETAS


Las chancletas en el closet guardadas y aburridas yacen
Con sus palabrejas grafiteadas en ladrillos del recuerdo,
Cartelones escondidos de inútiles protestas
Como clones majaderos buscaron verdes pasiones
en engranajes polvorosos de añejos idealismos.
Las chancletas escupieron coquitos medio aplastados
de los puros vencidos de rojos velos cansados

Planeando clamores en guerrillas ya perdidas
Soltaron un suspiro resignando a ser olvidadas
Junto a un par de tenis “converse” apestosas a gringo
Junto a un charco de neuronas retorciéndose en el piso.

Pablo Perez Sibaja 2008

domingo, 15 de junio de 2008

Trescientos Doscientos Cien cincuenta


Después de ver trescientos, me empecé a sentir espartano, un espartano fiero, un guerrero cojonudo, me inyectó inspiracion Leonidas, que aguantó a ese monton de Persas, en las termopilas, y que no tenían miedo a morir, es más gozaban cada batalla sin miramientos, sin quejarse, cagados de risa... y entonces cuando mueren, despues de haber sostenido a un millon de persas, por defender su libertad y sus ideales, me decido levantar de la cama, ya para ese momento cien de mis fieros guerreros la palmaron levantando mi cuerpo, y me enfrento al apartamento sucio y asqueroso, porque no llegó la señora que limpia, pero no me importa, estoy inyectado de esparta, estoy con un fuerzon griego, milenario, me meto al baño con agua fría, y me medio despierto, y decido hacer frente a mi vida, me seco y visto, no me importa el frío aunque ya perdí otros cien hombres, con los que me quedan y entro a la cocina, para comenzar a limpiar voy quitar la bolsa de basura que ya está rebalsada, busco los guantes, no hay, pero a un espartando que le importa ensuciarse las manos, con asquerosidades putrefactas de la basura, no joda, majo los desechos los presiono hasta el fondo... un tufo endemoniado, rancio, entra por mi nariz, pero cincuenta hombres más sucumben deteniendo el vómito que trata de expulsar mi estómago herido, agarro el plástico, le logro hacer el nudo, pero unas larvas de mosca que se arrastran, terminan matando a los pocos espartanos que quedaban. Avergonzado, después de lavarme las manos, vuelvo a la cama...

Pablo Pérez Sibaja (junio 2008)

miércoles, 11 de junio de 2008

Me gustan las mujeres fáciles.





Posiblemente me gustan las mujeres fáciles,
por que me gustan las que son como flechas impías,
desnudas y venenosas, abriéndose paso a las resistencias
y tocando fibras cardiacas sin preguntarse cuando llegará
ni cuanto durará.

Posiblemente me gustan esas, que tanto desprecias,
con tu ladrido hipócrita contenido en un bozal de impotencia,
esas que saben que sus labios no están cocidos con tribales costuras de moralina disfrazada.

De fijo me fascinan aquellas, que se lanzan directo a mis ojos,
aunque las absorba el miedo, aunque sepan que son un par de abismos,
y no les importe quedar en el punto de partida.
De fijo me gustan aquellas, que no pintan las cartas para sus castillos,
del color del concreto frío, de un insípido gris descolorido.

Me gustan las que no me atan al futuro, de por si incierto y siniestro,
de por sí frío y grotesco, de por sí plagado de engaños, de por sí obligatorio.

Me gustan fáciles, como vos les llamas, mi beata amiga, tus desafiladas frasecillas gratis, no logran domar esa serpiente alada, cuando humeando en tu piel, se retuercen moralinas que sucumben a los argumentos de tu deseo.

Si fáciles son esas mujeres poderosas, con sueños, y metas gigantes, y que compartieron conmigo un instante fugaz pero eterno, como el universo mismo, definitivamente, mi fervorosa amiga, me gustan las mujeres fáciles.

Pablo Pérez Sibaja (Junio 11 2008)

La magia muta.


La magia no se muere, solo se atenúa el brillo de mil soles copulando
La magia no se extingue, pero deja tirada su piel de serpiente astral.
No es ese cadáver risueño la magia, es solo un iris cansado mirando
Atiborrado de convalecencias unidas a una gota militante y planetaria.

Es la magia eterna quien descuenta, los abalorios de la percepción
Por que es la magia estruendosa, quien busca sentido al camino
Es esa magia flagrante, con su fugaz lengua de contradicción
Quien te susurra, acuosa que mires mas atenta, y afines el oído.

La magia no se muere, pero mutan su accionar danzante
La magia no se extingue, pero cesa su grito ensordecedor
No es ese muerto bulto impaciente, la magia abandonada
es nada mas un cambio perfecto entre líneas dentadas.


Pablo Pérez Sibaja (junio 11 2008)

domingo, 8 de junio de 2008

Si apareces.


Te miraré atento e interesado si te conviertes en el fluir del agua
Siempre que no arrastres con tu corriente mis preciados vicios
Tomaré en cuenta tus básicos e irrelevantes sentimientos
Si no me culpas de los mismos, montando en tu espalda su carga

Podrás deslumbrarme con tus llamas incesantes y voraces
Siempre y no quemes el camino del que adolecen mis pies
Escucharé atento tus rabietas entrometidas y necias
Cuando las mires y desgarres entre tus tenaces dientes

Besaré a tu paso ese hogar de tierra que pisas y estercolas
Siempre que no cuestiones mis raíces, invisibles y etéreas.
Comeré de tu mano, cual fiera aplacada por un hada
Si prometes no aplastarme cuando baje mi guardia y mi espada.


Tal vez comparta el aire azaroso de una habitación ansiada
Si lo mantienes ralo y limpio, con el batir de tus alas.
Regresaré tal vez a casa, de mis vuelos en tinieblas espesas
Solo si estás mirando atenta, el mutar de mis garras

Pablo Pérez Sibaja
Abril 2008

miércoles, 27 de febrero de 2008

Iron Maiden Costa Rica, un fenomeno cultural en tibas.

El 26 de febrero de 2008 en el estadio Ricardo Saprissa en Tibas , San José Costa Rica, asistí a uno de los mejores eventos que se ha dado en éste país. El concierto de la banda británica Iron Maiden.
Iron Maiden tiene cerca de treinta y tres años de existencia, y colocó en el mismo espacio y lugar a 3 generaciones de ticos y otros centroamericanos, en un lugar donde se hablaba un solo idioma, el idioma del ROCK.
Cristianos, Ateos, Agnósticos, Budistas, Induístas, y otros, corearon "Six, SIx, Six the number of the beast, Six, Six, Six, the one for you and me"
Chancletudos, mechudos, no tan mechudos, gays, heterosexuales, vírgenes, puritanas, promiscuos, travestis que además son estrellas de rock "guanabi" y amigos leales, la delegación del bar chups, marihuanos, abstemios... y más, confesamos ante Dickinson, que tenemos miedo a la oscuridad aunque no fuera cierto. Nuestras manos al aire dirigieron la señal de la bendición (la famosa seña de los cachitos, que popularizó Ronnie James Dio, hace algunos años atrás) que aunque los panderetas y otros digan lo contrario, no significa otra cosa que "BENDICIONES".
Cuando Moonchild sonó... la LUNA EMERGIó detrás de un árbol seco, detrás de la gradería oeste, pero solo pude compartir esta visión tan hermosa, con mis allegados en la parte norte, atrás del molote del sector del césped, y deseando tener a mi amiga la Chanclis que es excelente fotógrafa para que captara la magia de aquello.
Pero no había una cochina cámara conocida, todas las requisaban en la entrada, junto con los cigarros.
Bruce Dickinson levantaba a la gente con un dedo, en una ola en las graderías, pero el público, nosotros, lo impresionamos también, coreando a un volumen que lo dejaba callado, brincando y regalándole nuestra energía. Le cantamos cumpleaños a Adrian Smith, aunque el asunto costó ser entendido, ni el mismo Bruce sabía que su colega estaría el día siguiente cumpliendo 51 años, y al final nos felicitó y nos dijo, que habíamos sido la mejor audiencia que había tenido, y prometió regresar.
En tiquicia se tomaron a la ligera el concierto, y pensaron que era una mejenga de la liga Saprissa, y la municipalidad de Tibás, que dicho sea de paso, ha demostrado ser una porquería siempre, con los huecos en las calles y los problemas con la basura, no dio abasto con la cantidad de gente que llegó.
No habían basureros, gente recogiendo la basura, infraestructura para limpieza, algo, y obviamente el basurero que de por si hace varios años es tibás, se hizo peor.
Los vecinos protestaron por el concierto ante las cámaras, pero yo me pregunto ¿Por qué no se hizo algo para coordinar con la municipalidad de tibás un operativo para limpieza después del desmadre, una campaña de contención de deshechos, para minimizar el impacto en la comunidad?
A los organizadores, a los metaleros, y a los artistas de Maiden no hay nada que reclamarles, ellos hicieron su parte, los que no la hicieron fueron los que NUNCA HACEN SU PARTE, las entidades gubernamentales a quienes las mantenemos con nuestros impuestos y a quienes elegimos para garantizar nuestra seguridad y nuestros derechos incluyendo el derecho al OCIO y a la EXPRESION CULTURAL.
Bendito Sea Tu nombre IRON MAIDEN!!!!

sábado, 26 de enero de 2008

Autorespuesta a ser romántico.

Ser lúgubre.

Ser lúgubre es no creer nunca en el amor profundo
Sintiendo el crujir de lágrimas congeladas adentro
Modelando siniestras cadenas libres de sufrimiento
Acrecentar el sabor de la mente en un calido viento.

Ser lúgubre es no dejar entrar nada y salir mucho menos
Mirar con la vista nublada un abrazo amistoso y sincero
Opacar el brillo del sol, con una blasfemia y bostezos
Acobardarse instantáneamente con el sabor de los besos

Ser lúgubre es decir palabrejas entremezcladas y confusas
Estudiando que ninguna tenga ni un matiz de alegría.
Es pintar candilejas sepia en blandas laderas zacateadas
Procurando que nadie sepa que tal vez adentro es de día.

Pablo Pérez Sibaja
Enero de 2008

miércoles, 14 de noviembre de 2007

La segunda pieza del proyecto

Respeto.

Comprendí la gracia con que se mueven las olas.

Desarmando su belleza en perfectos vectores

Envueltas en paquetes, las galaxias viven solas

Encajándoles yo mientras, las necias ecuaciones

--O--

La danza de Shiva, armónica, bella, imponente

Mientras yo la observo, cual artilugio mecánico

Eterno respirar, el de la vida y la muerte

Capturada por la ilusión de éste mundo estático

--O--

Claridad de mente, hieres con tu luz y ciegas

Clamas estructuras, que eliminen nuestro velo

Tus datos consecuentes en palabras y estelas

Afilando las preciosas mentiras para el duelo

--O--

Pero esta vez amigo, me lanzaste al barranco

Obligándome a sentir esa inmensa nada eterna

Anulando mi razón, mi mente quedo en blanco

Mostrando el universo, a mi antes alma ciega

--O--

Acepto la gracia, con que danza la corriente

Y observo con respeto esta tremenda creación

Sin dejar de sorprenderme, su forma imponente

Mirando reverente, cada puesta de sol

--FIN--

Pablo Pérez Sibaja
14 de noviembre de 2007


domingo, 11 de noviembre de 2007

La primera pieza del proyecto

Lealtad.

Toca el cielo y muestra tu pequeñez delirante

Saca el pelo de tus ojos y observa el camino

Remueve espinas hambrientas de tu andar errante

Que aquel llamado lejano, nos llene el vacío

Levántate y camina, junto a mí, junto a nosotros.

Sobre el silencio, esa voz de eterna pureza.

Camina segura, junto a furiosos ladridos.

Logrando al anochecer del tiempo, la proeza

Cuando te distraiga un atajo de espectral brillo

El propósito hablará en el viento matutino

Escucha impecable, ¿quién dijo sería sencillo?

El hacer te da la llave del ansiado destino

Levántate y camina, junto a mí, junto a nosotros.

Sobre el silencio esa voz, de eterna pureza.

Camina segura, junto a furiosos ladridos.

Logrando al anochecer del tiempo, la proeza

Aúlla sediento arriba, el miedo peligroso

Filas de humanos falsos en carretas fantasmas

Amasan su mentira sobre aquel suelo fangoso

No soportas todo aquello y es cuando te pasmas

A tientas en la nada, sedienta de consuelo

Encuentras a los tuyos, haciéndote escuchar

Amigos verdaderos, señalan hacia el cielo

Solo llega al final, quien fluye en la lealtad

Pablo Pérez Sibaja

Noviembre del 2007

domingo, 21 de octubre de 2007

Un poema amargado




Ser romántico.

Ser romántico es ver las lúgubres estrellas con el filtro de la droga neurotrasmitida.

Es una cadena de noticias sensacionalistas, escritas por un periodista ciego.

Es una forma cruel de endulzar oídos femeninos, inocentes y deslumbrados.

Es el constructo seguro de una horizontalidad vana, trivial y sudorosa, más o menos duradera.

Es crear un postre redondo jugoso y brillante, listo para ser restregado en tu cara.

Ser romántico es construir un camino al infierno de abalorios y pequeñas piecitas labradas, húmedas y frágiles.

Es un préstamo con intereses altos, solicitado a un capo mafioso.

Es una careta de cera, esculpida por comercio, televisión y sociedad.

Es regalar una cicatriz coleccionable, para ser añorada en el futuro con lágrimas y despechos.

Es comprar todos los números para la rifa de un hematoma en la otra mejilla

Ser romántico es colgar borlas en la neblina del camino ubicuo a un estrepitoso final.

Pablo Pérez Sibaja

Septiembre 2007

sábado, 20 de octubre de 2007

De las pocas cosas de Freud que me parece n GENIALES


ENAMORAMIENTO E HIPNOSIS

S FREUD.

El lenguaje usual permanece siempre fiel a una realidad cualquiera, incluso en sus caprichos. Así, designa con el nombre de «amor» muy diversas relaciones afectivas, que también nosotros reunimos teóricamente bajo tal concepto; pero dejando en duda si este amor es el genuino y verdadero, señala toda una escala de posibilidades dentro de los fenómenos amorosos, escala que no ha de sernos difícil descubrir.

En un cierto número de casos, el enamoramiento no es sino un revestimiento de objeto por parte de los instintos sexuales, revestimiento encaminado a lograr una satisfacción sexual directa y que desaparece con la consecución de este fin. Esto es lo que conocemos como amor corriente o sensual. Pero sabemos muy bien, que la situación libidinosa no presenta siempre esta carencia de complicación. La certidumbre de que la necesidad recién satisfecha no había de tardar en resurgir, hubo de ser el motivo inmediato de la persistencia del revestimiento del objeto sexual aun en los intervalos en los que el sujeto no sentía la necesidad de «amar».

La singular evolución de la vida erótica humana nos ofrece un segundo factor. El niño encontró, durante la primera fase de su vida, fase que se extiende hasta los cinco años, su primer objeto erótico en su madre (la niña en su padre), y sobre este primer objeto erótico se concentraron todos sus instintos sexuales que aspiraban a hallar satisfacción. La represión ulterior impuso el renunciamiento a la mayoría de estos fines sexuales infantiles y dejó tras de sí una profunda modificación de las relaciones del niño con sus padres. El niño permanece en adelante ligado a sus padres, pero con instintos a los que podemos calificar de «coartados en sus fines». Los sentimientos que desde este punto experimenta hacia tales personas amadas, son calificados de «tiernos». Sabido es que las tendencias «sexuales» anteriores quedan conservadas con mayor o menor intensidad en lo inconsciente, de manera que la corriente total primitiva perdura en un cierto sentido.

Con la pubertad, surgen nuevas tendencias muy intensas, orientadas hacia los fines sexuales directos. En los casos menos favorables perduran separadas de las direcciones sentimentales «tiernas», permanentes, en calidad de corriente sensual. Obtenemos, entonces, aquel cuadro cuyos dos aspectos han sido tan frecuentemente idealizados por determinadas orientaciones literarias. El hombre muestra apasionada inclinación hacia mujeres que le inspiran un alto respeto, pero que no le incitan al comercio amoroso, y en cambio, sólo es potente con otras mujeres a las que no «ama», estima en poco o incluso desprecia. Pero lo más frecuente es que el joven consiga realizar, en una cierta medida, la síntesis del amor espiritual y asexual con el amor sexual terreno, apareciendo caracterizada su actitud con respecto al objeto sexual, por la acción conjunta de instintos libres e instintos coartados en su fin. Por la parte correspondiente a los instintos de ternura coartados en su fin, puede medirse el grado del enamoramiento en oposición al del simple deseo sensual.

Dentro de este enamoramiento, nos ha interesado desde un principio el fenómeno de la «superestimación sexual», esto es, el hecho de que el objeto amado queda substraído en cierto modo a la crítica, siendo estimadas todas sus cualidades en un más alto valor que cuando aún no era amado o que las de personas indiferentes. Dada una represión o retención algo eficaz de las tendencias sensuales, surge la ilusión de que el objeto es amado también sensualmente a causa de sus excelencias psíquicas, cuando, por lo contrario, es la influencia del placer sensual lo que nos ha llevado a atribuirles tales excelencias.

Lo que aquí falsea el juicio es la tendencia a la idealización. Pero este mismo hecho contribuye a orientarnos. Reconocemos, en efecto, que el objeto es tratado como el propio Yo del sujeto y que en el enamoramiento pasa al objeto una parte considerable de libido narcisista. En algunas formas de la elección amorosa, llega incluso a evidenciarse que el objeto sirve para sustituir un ideal propio y no alcanzado del Yo. Amamos al objeto a causa de las perfecciones a las que hemos aspirado para nuestro propio Yo y que quisiéramos ahora procurarnos por este rodeo, para satisfacción de nuestro narcisismo.

A medida que la superestimación sexual y el enamoramiento se van acentuando, va haciéndose cada vez más fácil la interpretación del cuadro. Las tendencias que aspiran a la satisfacción sexual directa pueden sufrir una represión total, como sucede, por ejemplo, casi siempre, en el apasionado amor del adolescente; el Yo se hace cada vez menos exigente y más modesto, y en cambio, el objeto deviene cada vez más magnífico y precioso, hasta apoderarse de todo el amor que el Yo sentía por sí mismo, proceso que lleva naturalmente, al sacrificio voluntario y completo del Yo. Puede decirse que el objeto ha devorado al Yo. En todo enamoramiento, hallamos rasgos de humildad, una limitación del narcisismo y la tendencia a la propia minoración, rasgos que se nos muestran intensificados en los casos extremos, hasta dominar sin competencia alguna el cuadro entero, por la desaparición de las exigencias sensuales.

Esto se observa más particularmente en el amor desgraciado, no correspondido, pues en el amor compartido cada satisfacción sexual es seguida de una disminución de la superestimación del objeto. Simultáneamente a este «abandono» del Yo al objeto, que no se diferencia ya del abandono sublimado a una idea abstracta, desaparecen por completo las funciones adscritas al ideal del Yo. La crítica ejercida por esta instancia enmudece, y todo lo que el objeto hace o exige es bueno e irreprochable. La conciencia moral cesa de intervenir en cuanto se trata de algo que puede ser favorable al objeto, y en la ceguedad amorosa, se llega hasta el crimen sin remordimiento. Toda la situación puede ser resumida en la siguiente fórmula: el objeto ha ocupado el lugar del ideal del Yo.

La diferencia entre la identificación y el enamoramiento en sus desarrollos más elevados, conocidos con los nombres de fascinación y servidumbre amorosa, resulta fácil de describir. En el primer caso, el Yo se enriquece con las cualidades del objeto, se lo «introyecta» según la expresión de Ferenczi; en el segundo, se empobrece, dándose por entero al objeto y sustituyendo por él su más importante componente. De todos modos, un detenido examen nos lleva a comprobar que esta descripción muestra oposiciones inexistentes en realidad. Desde el punto de vista económico no se trata ni de enriquecimiento ni empobrecimiento, pues incluso el estado amoroso más extremo puede ser descrito diciendo que el Yo se ha «introyectado» el objeto. La distinción siguiente recaerá, quizá, sobre puntos más esenciales: en el caso de la identificación, el objeto desaparece o queda abandonado, y es reconstruído luego en el Yo, que se modifica parcialmente conforme al modelo del objeto perdido. En el otro caso, el objeto subsiste, pero es dotado de todas las cualidades por el Yo y a costa del Yo. Mas tampoco esta distinción queda libre de objeciones. ¿Es acaso indudable que la identificación presupone la cesación del revestimiento de objeto? ¿No puede muy bien haber identificación conservándose el objeto? Mas antes de entrar en la discución de estas espinosas cuestiones, presentimos ya, que la esencia de la situación entraña otra alternativa, la de que el objeto sea situado en el lugar del Yo o en el del ideal del Yo.

Del enamoramiento a la hipnosis no hay gran distancia, siendo evidentes sus coincidencias. El hipnotizado da, con respecto al hipnotizador, las mismas pruebas de humilde sumisión, docilidad y ausencia de crítica, que el enamorado con respecto al objeto de su amor. Compruébase asimismo, en ambos, el mismo renunciamiento a toda iniciativa personal. Es indudable que el hipnotizador se ha situado en el lugar del ideal del Yo. La única diferencia es que en la hipnosis, se nos muestran todas estas particularidades con mayor claridad y relieve, de manera que parecerá más indicado explicar el enamoramiento por la hipnosis y no ésta por aquél. El hipnotizador es para el hipnotizado el único objeto digno de atención; todo lo demás se borra ante él. El hecho de que el Yo experimente como en un sueño todo lo que el hipnotizador exige y afirma, nos advierte que hemos omitido mencionar, entre las funciones del ideal del Yo, el ejercicio de la prueba de la realidad. No es de extrañar que el Yo considere como real una percepción cuando la instancia psíquica encargada de la prueba de la realidad se pronuncia por la realidad de la misma. La total ausencia de tendencias con fines sexuales no coartados, contribuye a garantizar la extrema pureza de los fenómenos. La relación hipnótica es un abandono amoroso total con exclusión de toda satisfacción sexual, mientras que en el enamoramiento, dicha satisfacción no se halla sino temporalmente excluída y perdura en segundo término, a título de posible fin ulterior.

Por otra parte, podemos también decir, que la relación hipnótica es -si se nos permite la expresión- una formación colectiva constituída por dos personas. La hipnosis se presta mal a la comparación con la formación colectiva, por ser más bien idéntica a ella. Nos presenta aislado un elemento de la complicada estructura de la masa: la actitud del individuo de la misma con respecto al caudillo. Por tal limitación del número se distingue la hipnosis de la formación colectiva, como se distingue del enamoramiento por la ausencia de tendencias sexuales directas. De este modo, viene a ocupar un lugar intermedio entre ambos estados.

Es muy interesante observar, que precisamente las tendencias sexuales coartadas en su fin son las que crean entre los hombres lazos más duraderos. Pero esto se explica fácilmente por el hecho de que no son susceptibles de una satisfacción completa, mientras que las tendencias sexuales libres experimentan una debilitación extraordinaria por la descarga que tiene efecto cada vez que el fin sexual es alcanzado. El amor sensual está destinado a extinguirse en la satisfacción. Para poder durar, tiene que hallarse asociado desde un principio a componentes puramente tiernos, esto es, coartados en sus fines, o experimentar en un momento dado, una transposición de este género.

La hipnosis nos revelaría fácilmente el enigma de la constitución libidinosa de una multitud si no entrañase también, por su parte, rasgos que escapan a la explicación racional intentada hasta aquí, según la cual constituiría un enamoramiento carente de tendencias sexuales directas. En la hipnosis hay aún, en efecto, mucha parte incomprendida y de carácter místico. Una de sus particularidades consiste en una especie de parálisis resultante de la influencia ejercida por una persona omnipotente sobre un sujeto impotente y sin defensa, particularidad que nos aproxima a la hipnosis provocada en los animales por el terror. El modo de provocar la hipnosis y su relación con el sueño no son nada transparentes, y la enigmática selección de las personas apropiadas para ella, mientras que otras se muestran totalmente refractarias, nos permite suponer que en la hipnosis se encuentra realizada una condición aún desconocida, esencial para la pureza de las actitudes libidinosas. También es muy atendible el hecho de que la conciencia moral de las personas hipnotizadas puede oponer una intensa resistencia, simultánea a una completa docilidad sugestiva de la persona hipnotizada. Pero esto proviene, quizá, de que en la hipnosis, tal y como habitualmente se practica, continúa el sujeto dándose cuenta de que no se trata sino de un juego, de una reproducción ficticia de otra situación de importancia vital mucho mayor.

Las consideraciones que anteceden nos permiten, de todos modos, establecer la fórmula de la constitución libidinosa de una masa, por lo menos de aquella que hasta ahora venimos examinando, o sea de la masa que posee un caudillo y no ha adquirido aún, por una «organización» demasiado perfecta, las cualidades de un individuo. Una tal masa primaria es una reunión de individuos, que han reemplazado su ideal del Yo por un mismo objeto, a consecuencia de lo cual se ha establecido entre ellos una general y recíproca identificación del Yo.